Atrás quedaron los tiempos de andar pelando y conspirando contra la democracia, y aquello de usar marcos plásticos para unas pequeñas fotos en blanco y negro en la sala de la casa del papá. Y más recientemente, calarse en el Palacio los del “comandante eterno” que para eso tiene su museo. Ahora es tiempo de los cuadro personales, los del culto, como en este caso uno de Cilia y Maduro, como si estuviesen de vacaciones en Hawaii. Ahí están, en un salón en Miraflores, que se supone es una institución del Estado venezolano. Antes los presidentes democráticos, en sus oficinas personales en el Palacio, tenían si acaso algunos objetos personales, nada que no cupiera en un par de cajas. Los “revolucionarios” privatizan, con sus figuras y objetos, el patrimonio de todos (lapatilla.com)

 

Luego de un hermoso acto con los candidatos, seguimos reunidos en el Comando de Campaña Constituyente, afinando la victoria contundente